El Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática y el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria han rendido homenaje a los empleados públicos y representantes municipales de la capital grancanaria y del antiguo municipio de San Lorenzo que fueron depurados, destituidos o fusilados tras el golpe militar de 1936.
El acto, celebrado este viernes, 17 de julio, en el patio de las Casas Consistoriales, estuvo presidido por el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, y la alcaldesa de Las Palmas de Gran Canaria, Carolina Darias.
Según un estudio encargado por el Ayuntamiento a la Asociación de Memoria Histórica de Arucas y firmado por el historiador Sergio Millares, alrededor de 150 funcionarios de ambos municipios sufrieron procesos de depuración. Asimismo, 24 concejales fueron destituidos y cuatro hombres fueron fusilados: el alcalde de San Lorenzo, Juan Santana; los empleados municipales Antonio Ramírez y Manuel Hernández; y el inspector de la Guardia Municipal de Las Palmas de Gran Canaria, Alberto Hernández.
Durante la ceremonia se descubrió una placa en recuerdo de las víctimas y se entregaron declaraciones de Reconocimiento y Reparación a nueve familiares.
Ángel Víctor Torres destacó la “valentía y el honor” de quienes permanecieron fieles a la legalidad democrática y defendió la importancia de recordar estos hechos con rigor. El ministro alertó también sobre el resurgimiento de discursos que buscan blanquear la dictadura y señaló la Memoria Democrática como el mejor antídoto frente a estas posiciones.
Carolina Darias afirmó que el Ayuntamiento cumple con un deber de memoria, justicia y reconocimiento hacia quienes fueron injustamente perseguidos. La alcaldesa también hizo un llamamiento a los descendientes de las personas represaliadas que todavía no hayan sido localizados para que contacten con el Consistorio y puedan recibir este reconocimiento.
El historiador Sergio Millares, encargado de repasar las biografías de las personas homenajeadas, defendió que este acto debe entenderse como un ejercicio de verdad y justicia, no de revancha.



